Nuestra historia

¡Si hiciera lo que me pide el cuerpo!

¿Te atreverías? ¿Te encantaría pero te da cosa?  ¿O no tienes ni idea de lo que te pide el cuerpo. pero sí tienes claro que no es lo que estás haciendo ahora?

Todo esto es normal porque hoy día tenemos mucho ruido y poco cuerpo. 

Así, tal y como te lo cuento. La cabeza desbordada por un lado y el cuerpo aparcado -o en el mejor de los casos, activo en el gimnasio. Desconectados el uno del otro. Sin tiempo. Sin intuición. Sin espacio interior.

La cabeza te da vueltas.

Mucho ruido, confusión, cientos de preguntas, listas de pros y contras para, finalmente… ¡Seguir en el mismo punto! 

Este círculo vicioso se lleva tu vida por delante:

  • No descansas bien por las noches.

  • Te notas más preocupado, inquieto e intranquilo de lo normal.

  • Te sientes vacío. No puedes explicarlo.

  • El estrés, el agotamiento y la presión están a la orden del día.

Esto se traduce en tensión.

Tensión en la pareja, en el trabajo o con los hijos. No estás a gusto en ningún lado. Quieres olvidarte de todo y pasar un buen rato. Utilizas la comida, el sexo y el ocio para llenar un agujero. A veces es demasiado, otras demasiado poco. Poco a poco tu alegría, tu intimidad y tu economía, se resienten -y mucho-. 

Por dentro, estás desconectado de ti mismo.

Hasta que un día dices: “Así ya, no”

Un buen día te levantas y piensas: “No puedo más. Estoy hasta arriba. Me duele el cuerpo. Se acabó. No quiero seguir así”. 

Cuando la vida te dice “por aquí no” o “así ya no” se unen un montón de pequeñas-grandes señales que hacen que, sí o sí, te enteres de que algo- tienes- que- cambiar. La campanada del cambio puede ser súbita o en diferido. La mía fue larga como una travesía en el desierto.

Yo aprendo por agotamiento, qué lo vamos a hacer.

En cada ronda -y en especial en la última- me he llevado hasta el extremo. Miro atrás -me resulta fácil calcular porque mi hija ha sido la medida del cambio- y veo una mujer nueva.  En estos 12 últimos años he emprendido, me he mudado siete veces, he cambiado de país, me he divorciado y separado de unas cuantas parejas -muy queridas todas ellas-, he sido madre, he perdido a mi padre, he acompañado a cientos de personas, he hecho formaciones, terapias, una búsqueda insaciable de mí misma… Casi todo a la vez…

Y aquí estoy, recuperando:

  • Mi salud.

  • Mi sueño.

  • Mi tranquilidad.

  • Mi norte.

  • Mi economía.

  • Mi proyecto.

  • Mi Ser - la de siempre pero actualizada, como el sistema operativo que le acabo de instalar al ordenador.

¿Y si este fuera tu momento para cambiar tu manera de hacer las cosas?

Está claro que quieres dejar algo atrás, pero sobre todo quieres algo NUEVO. Un cambio. 

  • ¿Pero cuál? 

  • ¿Eres tú, es la situación, es cuestión de tiempo? 

  • ¿Qué está pasando? 

Llevas así demasiado tiempo.

Por más vueltas que le das no ves claro por dónde tirar. Tienes la cabeza como un bombo de escuchar las opiniones de tu familia y amigos. Podrías buscar ayuda o intentarlo por ti mismo. Necesitas resolver, ser práctico. Tener claridad, tomar una decisión y actuar. Y, sobre todo, estar tranquilo. 

¿Qué podría pasarte si amaras, trabajaras, eligieras con más placer, conexión y energía?

Yo alucino. Mira que he visto muchas cosas y no utilizo esta expresión a la ligera. Pero la verdad es que nunca, nunca, nunca había sentido la fluidez que siento ahora, según te escribo. 

  • Se siente bien.

  • Me separo del ordenador y me dan ganas de volver.

  • Me siento ilusionada con lo que me traigo entre manos. 

  • Vivo un periodo incierto con tranquilidad. 

  • Tengo las mismas cosas - -o más- que siempre entre manos y he dejado de correr.

¿Has tenido una lucidez?

No. He ido hacia dentro. Así. Sencillo. Y no tan sencillo. 

He descubierto que:

  • Sentir me hace fuerte.

  • Sentir me da claridad.

  • Sentir me da un hogar.

  • Sentirme -y dejar de correr hacia fuera- es lo que me permite salir al mundo.

- La salida es, definitivamente, hacia dentro.